Estudios Sociales
Año 56, Vol. XLVII, número 169
Enero-junio 2024
DOCUMENTOS
La CIA sobre la Revolución de abril de 1965
The CIA on the April 1965 Revolution
La CIA sur la Révolution d’avril 1965
Orlando Inoa*
* Historiador y editor. Dirige la editorial Letragráfica. Está escribiendo una Enciclopedia de la Revolución de Abril, de próxima aparición.
El documento que presentamos a continuación, uno de muchos que ya están disponibles en Internet, se encuentra archivado en la biblioteca presidencial Johnson (Lyndon B. Johnson Library), localizada en la Universidad de Texas, en Austin, TX, como «Documento 395205» y está ubicado en la caja 96-245 y registrado con el número 28. En mayo del 2000 fue desclasificado como documento secreto y puesto al alcance del público. El repositorio en que se encuentra es una fuente documental de gran valor para el estudio de la Revolución de abril de 1965.
Recibido:
4:03 pm, sábado, 29 de mayo de 1965
De: Sala de Situaciones de la Casa Blanca
Para: Comandante Josephson para el Presidente
CITE CAP65245
SECRETO [lo que sigue, tachado]
El siguiente es un informe de situación de la CIA sobre la República Dominicana: sábado, 29 de mayo de 1965
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El líder lealista Antonio Imbert1 continúa adoptando una posición intransigente2 y parece haber relegado a sus compa-
1 El nombramiento de Antonio Imbert Barrera como
presidente de la República fue una decisión de John Bartlow Martin, entonces
enviado especial del presidente Johnson, para sustituir la Junta Militar que
operaba desde San Isidro bajo la presidencia de Pedro Bartolomé Benoit. Según
Martin (LBJ Presidential Library, Oral History Transcrip, Interview I,
30 de enero de 1971, p. 31) para este nombramiento no recibió instrucción de
ninguna instancia de poder de los Estados Unidos. El razonamiento de Martin fue
el de crear una tercera fuerza, que enfrentara a los rebeldes. «Imbert era el
hombre, y tenía las agallas para eso», escribió Martin. Una versión entonces
muy socorrida dice que Imbert fue seleccionado presidente de la siguiente
manera: «Martin le preguntó a Imbert, Tony, ¿tu serías presidente si yo te lo
pido?, a lo que Imbert respondió, ‘Yeah’» (Phillips, The Night Watch:
152). La elección que hizo Martin de Imbert no fue bien vista por las
autoridades norteamericanas, quienes pronto le retiraron el apoyo. El
presidente Johnson dijo de él: «No quiero que la historia me señale como el
hombre responsable por poner otro Trujillo en el poder en la República
Dominicana» (Evans y Novak, Lyndon B. Johnson: 550). John Bartlow
Martin, quien fue la persona que lo puso, no supo nunca por qué lo quitaron:
«John Bartlow Martin, (LBJ Library, Oral History Colection, John Bartlow
Martin; January 30, 1971, p. 35). En esa entrevista dijo: «Yo no conozco
nada de esto [la razón por qué se le retiró el apoyo a Imbert]. Yo pienso que
Imbert estaba siendo criticado en Estados Unidos cuando se decía de él que era
otro Trujillo, una especie de gánster [esto lo dijo la embajada americana: «En
lo que respecta a Imbert, el lado mafioso de su naturaleza ha surgido
rápidamente a la vanguardia ya que se ha sentido más presionado», Foreign
Relations of the United States, 1964–1968, p. 252], un asesino y un
derechista. Yo pienso que el presidente se metió en miedo de que esto le
afectara políticamente en los Estados Unidos, y por eso se mudó al gambito
Guzmán. Eso creo. Ahora, esto es totalmente una especulación de mi parte».
Luego agregó: «Yo quise decírselo [a Imbert] y Tom Man [Thomas C. Mann,
encargado de los asuntos de América Latina] me dijo que no debía, que él se lo
iba a decir. Y él se lo dijo. Y más tarde me dijo: ‘Fue una cosa buena que tú
no fueras, porque la esposa de Imbert te quería matar, y todavía quiere’».
Un político norteamericano tuvo a bien definirlo: «Es como un Kleenex, de buen uso, pero desechable (Geyelin, Lyndon B. Johnson, p. 257). Johnson llamó al Gobierno de Reconstrucción Nacional «una medida interina provechosa» (The Vantage Point, p. 203). Otra opinión dice: «Este gobierno se caracterizó por las golpizas, arrestos y ejecuciones» (Barnet, Intervention and Revolution, p. 207).
Imbert renunció en discurso que pronunció en Radio Santo Domingo y que fuera escrito por Conte Agüero (un desconocido para los dominicanos que Imbert había visto por primera vez tres días antes; por demás, pertinaz agente de la CIA), lo que ratificó 30 de agosto en una manifestación ante unas 5,000 personas, a pesar de que prometió reunir a más de 100 mil (Congressional Record-Apendix,
Vol. 111, Part 31, September 8, 1965, p. A5064).
Esta mala opinión de Imbert también la tenían los británicos, pues cuando a finales de agosto Caamaño firmó el Acta de Reconciliación la embajada británica lo reportó al Foreign Office con el siguiente comentario sobre el gobierno de Imbert: «La acción menos sabia hecha por los Estados Unidos aquí fue la creación a principios de mayo del gobierno títere de Imbert. Este error incrementó en gran proporción el número de muertos, agregó más sinsabores y división y extendió la guerra. Como instrumento de los americanos Imbert siempre fue una mala elección que terminó complicándolo todo» (Fisher, The Events of 1965, p. 292).
2 Tan intransigente era su posición que las viudas de los que ajusticiaron a Trujillo (Aída Michel, Cristiana Díaz e Hilda Tactuk) le enviaron una carta en
ñeros de junta, con la excepción de Alejandro Zeller,3 a roles secundarios.
Imbert, apoyado por Zeller, quien parece disfrutar de su gusto por el poder, muestra todas las indicaciones de seguir adelante en sus esfuerzos por solidificar su posición. Además, ya
la que decían que «en estos momentos de angustia y tribulación infinitas... que estamos fervorosamente abrazadas a su justa causa, como lo estarían nuestros hombres, de estar vivos, que no dudamos vería el mundo luchando hombro con hombro al lado del pueblo por sus derechos... Nos ha causado asombro profundo y pena infinita ver que el general Antonio Imbert Barrera se haya puesto al lado de los enemigos del pueblo y de sus libertades» (original en Museo de la Resistencia, copia en el archivo de Orlando Inoa). Esta carta está fechada el 10 de mayo de 1965 cuando todavía Imbert Barrera no había ordenado el ataque genocida de la Operación Limpieza.
3 Alejandro Zeller Cocco. Ingeniero, oriundo de Puerto Plata. Miembro del Gobierno de Reconstrucción Nacional que presidió Imbert Barrera donde actuó como vicepresidente. Fue propuesto como candidato presidencial provisional por el Gobierno de Reconstrucción Nacional cuando Ellsworth Bunker buscaba sustituir la fallida Fórmula Guzmán (véase Acta reunión 5 de julio de 1965, en Caamaño frente a la OEA, p. 68). Recibió la encomienda de parte de Imbert de comunicarle a Joaquín Balaguer, cuando este vino por unas horas al país amparado con un permiso del Gobierno de Reconstrucción Nacional (o sea, de Imbert) para ver a su madre «moribunda» (y empezaba a dar señales de que quería quedarse), el deseo del general Imbert Barrera de que abandonara el país en el término de 24 horas (según la embajada, Imbert vivía receloso de Balaguer; ver Foreign Relations of the United States, 1964–1968, p. 231). La respuesta de Balaguer ante la insistencia de Cocco Zeller, en un peregrinar a la casa de Balaguer de cuatro días rogándole que se fuera del país, no deja de ser pintoresca: «Me vi precisado a manifestarle [al Ing. Zeller Coco, emisario de Imbert] mi resolución de permanecer en suelo dominicano, aun en el caso de que me viera obligado a refugiarme en la parte de Ciudad Nueva, sometida al control de los constitucionalistas que encabezaba el coronel Francisco Alberto Caamaño. Esa decisión mía, externada en alta voz, en presencia de un numeroso público y de varios corresponsales de la prensa extranjera que en ese momento se hallaban en mi residencia, colocó al Gobierno de Reconstrucción Nacional ante la alternativa de sacarme del país manu militari o de revocar la orden de que retornara nuevamente al exilio» (Balaguer, Memorias de un cortesano, p. 275). Esta radical decisión de Balaguer causó tanto pesar en el ingeniero Zeller Cocco, quien se consideraba como el responsable ante Imbert de garantizar la salida de Balaguer, que «angustiado ante sus compañeros pensó en suicidarse» (Información de Rafael Vidal Martínez a José Pimentel Muñoz. Entrevista de Orlando Inoa a José Pimentel Muñoz, Santo Domingo, 30 de enero de 2020).
Un hermano suyo, Manuel Zeller Cocco, fue nombrado el 30 de julio de 1965, en plena guerra, asistente del administrador de Molinos Dominicanos, una edificación desde la cual operaban los francotiradores norteamericanos que desolaron la zona colonial. Murió en Santo Domingo el 2 de agosto de 1974 a los 48 años. Se suicidó («Sepultan en esta ciudad a Alejandro Zeller Cocco», El Caribe, 3 de agosto de 1974, p. 7).
molesto por los inconvenientes relacionados con los pagos a los empleados del gobierno,4 Imbert, según la Embajada de EE.UU., probablemente intensificará su campaña contra la «Intervención» de EE.UU. y la Organización de los Estados Americanos (OEA).[1] Es probable que esta línea se enfatice en los numerosos mítines programados para mañana, el cuarto aniversario del asesinato de Trujillo.
Después de varios días de negociaciones intermitentes, el régimen de Imbert retiró formalmente ayer su oferta de entregar Radio Santo Domingo a la OEA.[2] La «justificación» dada para esta decisión fue que había una «protesta nacional» contra dicha entrega. El régimen ofreció a la OEA el uso de cualquier otra estación, aunque todas son mucho menos poderosas que Radio Santo Domingo. La decisión de Imbert de utilizar la estación para sus propios fines –probablemente pueda tenerla operativa en un día o dos– es otra indicación de que no cooperará con la OEA en asuntos que no le convengan.
4 El 27 de mayo de 1965 tropas enviadas por Imbert Barrera asaltaron el Banco Central con la intención de apoderarse de 7 millones de pesos inorgánicos de sus bóvedas que presumiblemente usaría para el pago de salarios públicos, excluyendo aquellos empleados que residían en la zona rebelde (Bernardo Vega dice en sus Memorias, II: 143-145, que los soldados de Imbert que participaron en la Operación Limpieza no cobraron el 24 de mayo, como correspondía, «por lo que no seguirían luchando»; de ahí que Imbert decidió tomar por su cuenta el dinero que estaba en la bóveda del Banco Central). Al otro día del asalto de Imbert, el secretario general de la OEA José Antonio Mora asumió la responsabilidad fiscal del país, así como de las tropas norteamericanas de la FIP que el 27 de mayo ocuparon la edificación para prevenir el uso irresponsable de sus reservas por parte de la Junta (o sea, de Imbert). La OEA asumió el pago de los empleados públicos sin importar a cuál bando pertenecían. En declaración a la prensa Mora dijo que tomaba esa decisión «para prevenir el irresponsable uso de sus fondos por Imbert y el Gobierno de Reconstrucción Nacional» (Office of the Joint Chiefs of Staff, Chronology of the Crisis, p. 84).
Hay señales de desilusión por parte de algunos miembros de la junta lealista. El embajador Bennet, que se reunió ayer con los miembros de la junta Julio Postigo y Carlos Grisolía, informa que ambos hombres parecían pesimistas y estaban convencidos de que Imbert no tenía intención de dimitir. Sentían que Imbert y Zeller son ahora, más o menos, los que llevan las riendas. El embajador, basado en sus contactos con el régimen lealista, informa que Postigo, Grisolía y el coronel Pedro Benoit, el otro miembro de la junta, están desempeñando roles auxiliares y probablemente renunciarían a sus puestos sin problemas. De hecho, Postigo dijo que quería irse pronto y volver a su editorial. Si Postigo –quien es amigo de Bosch7– renunciara, sería un estímulo psicológico para los re-
7 Esto es verdad a medias. Juan Bosch salió al exilio el 13 de enero de 1938 y retornó al país el 20 de octubre de 1961 sin haber conocido a Julio D. Postigo quien, hasta la salida de Bosch, vivía en San Pedro de Macorís. Al llegar, Bosch participó activamente en la política sin mayor contacto con Postigo, excepto como su editor, cuando a principios de 1962 le publicó, a través de la Librería Dominicana, propiedad de la Iglesia Evangélica Dominicana (Postigo era el gerente), tres libros: Cuentos escritos en el exilio, Más cuentos escritos en el exilio y Una interpretación de la historia costarricense. A finales de diciembre de 1962, inmediatamente después de producirse las elecciones, Bosch visitó la embajada norteamericana (en busca de visado) y le dijo al embajador Martin que iba a salir para los Estados Unidos, y que tenía un nuevo libro, David. Biografía de un rey, del cual estaba esperanzado en que pudiera ser traducido y publicado en inglés en los Estados Unidos (Martin, Overtaken by Events, p. 299). Mientras tanto Bosch decidió publicar ese libro en el país, lo que se hizo a través de Postigo, quien, además de editor, había sido electo regidor por el PRD en las elecciones del 20 de diciembre de 1962. El libro estuvo disponible para el 4 de febrero de 1963 (Bosch, Obras completas, I: XXXVIII y «Nuevo libro de Juan Bosch», La Nación, 20 de febrero de 1963, p. 2). La publicación de este libro (Santo Domingo, Colección Pensamiento Dominicano, 1963), ocurrió estando Bosch ausente del país, aunque ya era presidente electo (tres días después de las elecciones, y sin ser confirmado como ganador, Bosch se ausentó del país por 56 días, retornando diez días antes de su juramentación, la que se efectuó el 27 de febrero de 1963).
Cuando Bosch retornó al país, Postigo le preparó una sesión de firma de su libro David. Biografía de un rey en el patio español que estaba detrás de la Librería Dominicana. A esa actividad asistió el embajador John Bartlow Martin quien le recriminó que en lugar de andar con un guardaespaldas del PRD usara uno del ejército (Martin, Overtaken by Events, p. 328). Ya ejerciendo la presidencia de la Republica, el 15 de mayo de 1963, Bosch asistió de nuevo a la Librería Dominicana. Esta vez lo que le motivó fue la puesta en circulación del libro Over, de Ramón Marrero Aristy, donde compartió con Postigo.
Juan Bosch no volvió a oír hablar de su editor Postigo hasta el 7 de mayo de 1965 (su libro David alcanzó una reimpresión en el 1964) cuando se enteró que
beldes a menos que estuviera relacionado con una solución moderada.8
Grisolía, aunque también desalentado, mostró más fortaleza. Dijo que debe haber un «vencedor» y un «vencido» en la lucha o, de lo contrario, habría una nueva crisis. Grisolía claramente insinuó que no estaba de acuerdo con las «concesiones» que ahora se están otorgando a los rebeldes en nombre de la «neutralidad». También observó que Antonio Guzmán estaba completamente subordinado a Juan Bosch y, por lo tanto, no era una elección acertada para ser el líder de un gobierno interino. Otro punto planteado por Grisolía fue que el tema de la Constitución de 1963 se había vuelto tan emocional que no funcionaría.
El embajador de EE.UU. comentó que, aunque Postigo y Grisolía no son personalidades fuertes, son ampliamente respetados y podrían inclinar una opinión sustancial a favor de un «tercer punto de vista».
este, ahora improvisado como político, era parte del Gobierno de Reconstrucción Nacional que presidía Antonio Imbert Barrera y que se oponía radicalmente a su retorno (tanto a la presidencia como al país). Una semana después, Juan Bosch recibió en Puerto Rico la información de parte del presidente Johnson, vía Abe Fortas, de que Francis Caamaño no podía seguir siendo presidente porque era ilegal. Bosch propuso en su lugar a Emilio Almonte Jiménez o a Antonio Guzmán, pero pidió que en el gabinete que formaría el nuevo presidente (que sustituiría al de Caamaño), se incluyeran a Julio Postigo y a Joaquín Balaguer como miembros y, además, pedía que no se incluyeran en el mismo a Antonio Imbert Barrera y a Francis Caamaño (Foreign Relations of the United States, 1964–1968, p. 154).
8 El golpe sicológico se produjo semanas después, pero esta vez personificado en un hijo de Postigo, José Antonio Postigo, quien siendo estudiante de Cornell University vino de los Estados Unidos el 13 de julio de 1965 y se presentó en la Dirección de Prensa de la presidencia del gobierno de Caamaño y dijo estar de acuerdo con los constitucionalistas. Para ese entonces la emisora del gobierno constitucional (HIZ) transmitía dramatizaciones de la cotidianidad de la guerra en capítulos llamados Episodios gloriosos de la lucha constitucionalista. Uno de estos programas fue dedicado a Julio Postigo en el que aparecía [a viva voz] su hijo José Antonio Postigo haciéndole un reproche a su padre: «¿Cómo es posible, papá, que usted esté apoyando al Gobierno de Reconstrucción Nacional?» («Tertulia conversatorio: Franklin Domínguez», Tomo y Lomo, núm. 1, 2006, p. 147).
Un posible tercer punto de vista es el de los líderes cívicos de Santiago, que buscan una nueva alternativa política a la situación estancada actual. La Embajada de EE.UU. señala que este grupo podría quizás servir como contrapeso a Imbert. Sin embargo, en este momento, el grupo es demasiado limitado en alcance geográfico y político para proporcionar una respuesta en sí mismo. Principalmente representa negocios, banca y agricultura en la región de Santiago,[3] aunque incluye a varias personas que poseen un sentido de responsabilidad comunitaria y una perspectiva progresista. Los representantes del grupo, que se reunieron ayer con el embajador de EE.UU., dijeron que estaban dispuestos a aceptar a partidarios del Partido Revolucionario Dominicano de Bosch como Julio Postigo.[4] El grupo temía –y el embajador coincidió– que la situación empeorará si el estancamiento continúa y que las dificultades económicas y posibles ofensivas rebeldes en el interior podrían seguir. Un factor indeterminado sobre la efectividad de este grupo es si resistirán a Imbert[5] si él comienza a actuar con dureza.[6]
Mientras tanto, hay informes contradictorios sobre si Argentina enviará o no un contingente militar a la República Dominicana. Buenos Aires ha estado lleno de especulaciones sobre este tema. Anteriormente, habían algunas indicaciones de que el gobierno de Illía13 podría enviar un contingente para reducir la presión militar que se estaba acumulando contra el gobierno. [Siguen varias líneas tachadas].
Bibliografía
Documentos Benjamin J. Ruyle, Chronology of the Crisis, Dominican Republic.
May 1965. National Archives, declassified 989584, copia en el archivo del autor.
Caamaño frente a la OEA. Santo Domingo, Editora de la UASD, 1985 [segunda edición: Santo Domingo, CPEP, 2007].
José Pimentel Muñoz. Entrevista de Orlando Inoa a José Pimentel Muñoz, Santo Domingo, 30 de enero de 2020.
La CIA sobre la Revolución de abril de 1965 [el documento que glosamos] está disponible en internet en https://www.cia.gov/readingroom/docs/DOC_0000395205.pdf
LBJ Presidential Library, Oral History Transcrip, John Bartlow Martin, Interview I, 30 de enero de 1971.
United States Senate, Committee on Foreign Relations, Background Information Relating to the Dominican Republic. Washington, US Government Printing Office, July 1965.
Libros
Balaguer, Joaquín, Memorias de un cortesano de la ‘Era de Trujillo’.
Santo Domingo, Editora Corripio, 1988.
Barnet, Eva Richard J., Intervention and Revolution. America’s Confrontation with Insurgent Movements around the World [Revised and Updated]. New York, Meridian, 1980.
Bosch, Juan, Obras completas. Santo Domingo, Comisión Nacional de Efemérides Patrias, 2012.
Conte Agüero, Luis, Cuba en mi corazón. Hialeah, Florida, Continental Printing Company, 1993.
Para su renuncia como presidente de la República, Antonio Imbert Barrera se presentó, el lunes 30 de agosto, uniformado de general junto al Consejo de Ministros, a una transmisión de Radio Santo Domingo, cuyo moderador fue Conte Agüero. Extrañamente no renunció ante la Suprema Corte de Justicia (había sido juramentado en el cargo por Julio Cuello, su presidente) sino que lo hizo por televisión y entregó, de manera simbólica, su discurso de renuncia a Conte Agüero (Cuba en mi corazón, p. 114). El original de este discurso lo conservó Conte Agüero hasta principios de 1990, cuando lo donó a la Universidad de Miami (Luis Conte Agüero, «Ceder un archivo ordena continuar la obra», El Nuevo Herald, 23 de febrero de 1990, p. 8A). Véase, sobre este mismo tema, el texto de José Manuel Pintado (Compilador), Cuba en Santo Domingo. Viaje de Conte y renuncia de Imbert (Hialeah, Fla., Trade Color, 1968).
Evans, Rowland y Robert D. Novak, Lyndon B. Johnson. The Exercise of Power. A Political Biography. New York, New American Library, 1966.
Fisher, Steven, The Events of 1965 in the Dominican Republic: Documents from the United Kingdom’s National Archives/Los eventos de 1965 en la República Dominicana: documentos de The National Archives del Reino Unido. Santo Domingo, Archivo General de la Nación, 2016.
Geyelin, Philip L., Lyndon B. Johnson and the world. New York, F. A. Praeger, 1966.
Keefer, Edward C., editor, Foreign Relations of the United States, 1964-1968: Dominican Republic; Cuba; Haiti; Guyana. Washington, United States Government Printing Office, 2005, Volume XXXII.
Martin, John Bartlow, Overtaken by Events. The Dominican Crisis from the Fall of Trujillo to the Civil War. New York, Doubleday & Company, 1966.
Palmer, Jr., Bruce, Intervention in the Caribbean. The Dominican Crisis of 1965. Lexington, Ky., The University Press of Kentucky, 1989.
Phillips, David Atlee, The Night Watch. New York, Atheneum, 1977.
Vega, Bernardo. Intimidades en la Era gobal. Memorias de Bernardo Vega de Boyre. Tomo II: 1963-1971. Santo Domingo, Fundación Cultural Dominicana, 2018.
[1] Es irónica esa posición de Imbert y solo se explica por su insaciable ambición de poder. La embajada americana, en telegrama del 10 de mayo de 1965, ya había observado que Imbert «era sospechoso de ambiciones dictatoriales» (Foreign Relations of the United States, 1964–1968, p. 143).
[2] Después de que las tropas de Imbert tomaron Radio Santo Domingo el 19 de mayo, este se comprometió pasar el control de la emisora a la OEA. Al no cumplir con lo prometido, el ejército norteamericano retiró el 29 de mayo [nótese que es el mismo día en que está fechado el documento que glosamos] los equipos de la emisora (United States Senate, Background Information Relating to the Dominican Republic, pp. 33, 69-70 y 86).
[3] La cabeza visible de este grupo era Jimmy Pastoriza. Los empresarios de Santiago estaban representados, desde el 6 de julio de 1961, en la agrupación Asociación para el Desarrollo, Inc.
[4] Esta información es incorrecta. Postigo no tenía ataduras de ningún tipo con el PRD, porque entre otras cosas, se lo impedía la agrupación religiosa a la que pertenecía.
[5] Esta es la décima vez que este documento menciona a Imbert y no lo refiere como «general Imbert». Bruce Palmer, el militar norteamericano de mayor rango en territorio dominicano durante la guerra de abril de 1965 (general de tres estrellas) dice que Imbert era «a self-proclaimed general» [un general autoproclamado] (Bruce Palmer, Jr., Intervention in the Caribbean, p. 52). El generalato de Imbert fue otorgado por un gobierno colegiado (Consejo de Estado), no electo en elecciones democráticas, del cual Imbert formaba parte, como también el otro beneficiado, Luis Amiama Tió.
[6] No se sabe a qué llama este documento «actuar con dureza» ya que desde el 13 de mayo Imbert había iniciado la Operación Limpieza, el genocidio más grande que haya conocido la historia dominicana, haciendo excepción de la matanza de haitianos que Trujillo ordenó en el 1937.