Estudios Sociales

Año 57, Vol. XLVIII, número 171

2025

RESEÑA

Reseña del libro Estar, ser y convivir en la escuela. Una mirada profunda a la violencia escolar en la República Dominicana, de Berenice Pacheco-Salazar

Review of the book Estar, ser y convivir en la escuela.

Una mirada profunda a la violencia escolar en la

República Dominicana, by Berenice Pacheco-Salazar

Compte rendu du livre Estar, ser y convivir en la escuela.

Una mirada profunda a la violencia escolar en la

República Dominicana, de Berenice Pacheco-Salazar

Luis Emmanuel Quezada Delgado*

Introducción

El tema de la violencia es uno de esos que no suelen tocar quienes son el alma de la fiesta. Uno de esos temas poco populares o alegres, pero en los que por suerte suelen aparecer extraños al círculo festivo que dicen como el niño en el cuento del emperador… «¡Pero si va desnudo!» Para que todos por fin admitan con algo de alivio que siempre hubo un proble-

* Licenciado en Filosofía por el Instituto Superior Pedro Francisco Bonó y Magister en Educación del Carácter y Educación Emocional por la Universidad

Internacional de La Rioja (UNIR).  Profesor de Humanidades en el Instituto Especializado de Estudios Superiores Loyola (IEESL) de San Cristóbal, donde también imparte talleres sobre inteligencia emocional y de las Escuelas de Perdón y Reconciliación (ESPERE). Correo: ldelgado@bono.edu.do • ORCID: 00090002-8142-8991

ma ante sus ojos[1]. Y es en verdad un alivio, porque no suelen abundar los sabios, como el caso del Principito en su cuento, que reconozcan que las verdaderas fiestas se dan al ponerse en camino a la solución de los problemas acuciantes y después de estas, pero no en su evasión. Si no, siempre quedarán cosas por lamentar cuando pase la bruma de la algarabía.  El libro Estar, ser y convivir en la escuela deviene en ese invitado que no ha normalizado el papel de la violencia escolar y procede a presentar un reclamo profundamente comprometido en aportar soluciones ante un problema fundamental de la escuela y la sociedad en general.

Resumen del libro

El texto de 2019 Estar, ser y convivir en la escuela fue publicado por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) y el Instituto Nacional de Formación y Capacitación del Magisterio (Inafocam), bajo la autoría de Berenice Pacheco-Salazar. Los cinco capítulos que lo componen se presentan de la siguiente manera: 1. algunas consideraciones iniciales sobre la convivencia y la violencia escolar; 2. el diseño metodológico de la investigación; 3. los hallazgos en ambas instituciones; 4. las conclusiones y discusiones propuestas a partir de lo descubierto, y 5. las recomendaciones de la autora. Además de dos anexos: un glosario de los términos utilizados en las entrevistas y grupos focales, y el sistema de categorías de análisis utilizado durante la investigación.

En el capítulo 1 se presentan nociones fundamentales para el desarrollo del texto tales como «convivencia» y «violencia» escolares y se abordan las consecuencias, tipologías y ámbitos de ocurrencia de esta. Además de la aproximación a un perfil de estudiante agresor y estudiante víctima. El capítulo 2 plantea las condiciones de la investigación. Se trata de un trabajo de corte cualitativo en dos centros educativos públicos de comunidades urbanas marginales de la ciudad de Santo Domingo.

La muestra con la que se trabajó es de 23 docentes y 604 estudiantes[2]. Y se busca responder a las preguntas sobre las diversas manifestaciones de violencia que estudiantes y docentes identifican en dichas escuelas; las concepciones que estos tienen sobre frecuencia, causas y consecuencias de la violencia en sus instituciones; las estrategias de abordaje de la problemática y las opiniones que tienen sobre dichas estrategias[3]. Información recabada mediante la implementación de cuatro técnicas de investigación en el trabajo de campo: observación no-participante, talleres lúdico-creativos, grupos focales y entrevistas a profundidad a los docentes y personal administrativo.

El capítulo 3 representa la parte de mayor detalle del texto. Consiste en el contacto más cercano con el fenómeno de la violencia en las dos escuelas mediante la observación, los talleres, las entrevistas y los grupos focales. Representa el punto fundamental de la investigación y resulta de sumo interés debido a la inusitada voz que se le permite manifestar a la población estudiantil. En esta parte, se percibe un delicado trato hacia dicha expresión, debido a que se les permite la naturalidad con base en la confianza promovida durante la investigación. Entrando así en contacto con el dialecto, imaginario y percepción más propios de los estudiantes. De modo que el texto ofrece una perspectiva muy valiosa y de difícil acceso respecto al problema de la violencia escolar.

Las conclusiones y discusiones de la investigación se presentan en el capítulo 4. En este, se constata el cumplimiento de los objetivos propuestos al inicio de la investigación y se presentan a modo de síntesis 10 conclusiones de esta[4]. Mientras el capítulo 5 presenta las recomendaciones de la autora como cierre de sus indagaciones. Estas son merecedoras de especial atención y consisten en las siguientes: una aproximación holística entre los sectores concernientes (los ministerios de educación, entre otros); la capacitación de todo el personal y del estudiantado en las escuelas, la optimización de los procesos de acción; el análisis, evaluación conjunta y gestión sistemática de datos; y la reforma educativa en distintos aspectos (pedagógico-curricular, organizativo-administrativo y sociocomunitario) para la convivencia armoniosa y la cultura de paz[5].

Siendo la violencia el concepto central en la investigación, se explicita inicialmente que el origen de su práctica está relacionado a «las relaciones desiguales de poder»[6]. Y se reconoce en la escuela mediante formas sistémicas de desigualdad histórica como son el sexismo, el adultocentrismo, el racismo y la clase social; formas de poder que lesionan a determinados individuos (estudiantes) por su sexo, edad, raza o estatus económico, no solo por la mera diferencia en estos rasgos, sino por una intencionalidad y direccionalidad siempre presentes en el fenómeno de la violencia[7].

En este sentido, la violencia escolar es ejercida cuando

… de manera recurrente, una persona o grupo de personas del centro educativo se ve lesionada, agredida, socialmente excluida o aislada, acosada, amenazada o atemorizada por otras personas que realizan impunemente sobre las víctimas esos comportamientos[8].

Con estos supuestos, Berenice Pacheco-Salazar emprende su indagación dándole una importante voz participativa a los estudiantes de los dos centros (los cuales optó por llamar A y B, en favor de un fiel compromiso de anonimato) mediante los talleres lúdico-creativos y los grupos focales, así como conociendo las opiniones del cuerpo docente y administrativo a través de las entrevistas a profundidad. Información que pone de manifiesto una omnipresencia normalizada de la violencia en la cultura de las dos escuelas. Violencia que resulta casi imperceptible a los adultos en sus distintos tipos y direccionalidades (violencia verbal, física, sexual, económica y cibernética), pero más notable, sentida y un poco más comprendida en su complejidad por el estudiantado. De esta manera, toda la comunidad escolar termina quedando presa en una cultura de autodefensa y reacción que no logra comprender ni superar apropiadamente. Esto debido a la falta de los recursos y herramientas necesarias para sobreponerse a la irracionalidad lacerante de la violencia.

Desde este punto en apariencia poco esperanzador, es desde dónde la autora esboza las líneas de acción que abrirían un horizonte dignificante en la escuela, esa institución llamada a ser un ineludible modelo de convivencia armoniosa en función del bien social fuera de ella.

Análisis del texto

Lo fundamental en la reivindicación

El texto de Pacheco-Salazar posee la atrayente cualidad, penosamente poco abundante en el país, de ir a las causas de determinado problema para considerar sus soluciones. Imagínese algunas de las actuales o eternas luchas por reivindicación de derechos, todas son en el fondo respuestas anhelantes de cambio ante formas sistémicas de violencia. Ahí es donde apunta Estar, ser y convivir en la escuela, y lo hace mirando la condición socializadora y creadora de cultura de dicha institución, para con la misma agudeza, notar raíces del problema que los propios sujetos implicados no ven.

Entre las múltiples declaraciones estudiantiles, podemos quedar impactados por las narraciones de alumnos que implican agresiones con útiles escolares (clavar un lápiz[9], rajar la cara[10]…) u objetos llevados a la escuela con intenciones de autodefensa o de desquite[11], pero también quedar perplejos ante el hecho de que el ciclo de violencia sea muy poco sometido a la reflexión y a la crítica por parte de los docentes como principales responsables y modelos de conducta. No se atiende seriamente a la problemática cuando se ignora la violencia verbal o los manoseos a las estudiantes como acción hiriente, actos que tantas veces devienen el primer paso para sucesos más lamentables. En esa agudeza de no perderse en el escándalo de una falsa indignación, el trabajo de Pacheco-Salazar se destaca de manera plausible. La preocupación real impele a la acción y este texto es un ícono de ello.

Violencia como lesión a la autodeterminación

La violencia se da como un ejercicio de poder que asume en su ejecución la cosificación del otro[12]. Considerar, argumentar o enfrentarse a alguien en condición de simetría o reaccionar en la adecuada proporcionalidad podrían considerarse con toda justicia actos virtuosos. En cambio, la violencia es una forma de irracionalidad que revela la incapacidad actual de lidiar con situaciones frustrantes de modo prudente. Es una lesión a la autodeterminación del otro en tanto que obstruye su desempeño pacífico en condiciones social y moralmente legitimadas.

Que la educación tenga por deber el fomento de la autodeterminación de los estudiantes conforme a su madurez nos parece evidente, al menos está claro para el enfoque educativo de la Educación del Carácter, el cual entiende por objetivo de la educación la formación de buenas personas cuya inteligencia sea puesta en favor del bien de la ciudad[13], o bien, de la búsqueda del «florecimiento de la bondad humana»[14]. En tal sentido, cualquier comportamiento que se desvíe de dicho propósito no deviene en adecuado para realizarse en las escuelas.

Estas ideas de una proporcionalidad virtuosa y de una bondad subyacente y manifiesta en la búsqueda, muchas veces camuflada, de la tranquilidad personal, parecen encontrar eco en uno de los testimonios estudiantiles que me parecieron más interesantes:

Yo, al que me da, yo le doy; y si es más chiquito que yo y me está molestando y me está dando, yo le doy sus cocotazos (…) Pero si es de mi tamaño o si es más grande que yo, agarro un palo y me defiendo; y si es de mi tamaño, me fajo (peleo) con él[15].

Aquí se revela una suerte de tensión entre lo estructural y lo individual. Las condiciones de relacionalidad son hostiles y el estudiante no posee las herramientas socioemocionales para lidiar pacíficamente con ellas. Sin embargo, puede razonar entorno a las mismas: si lleva ventaja, si no la lleva, o si la potencial confrontación pudiera resultar equitativa, el estudiante se concibe a sí mismo en condición de lograr cierta proporcionalidad en una situación no deseada.

Llegados a este punto, resulta oportuno responder a una preocupante caricaturización de la problemática de la violencia con la que me he topado al respecto. Esta fue esgrimida por algunas personas mientras discutíamos sobre el tema y que no se distanciaron mucho de considerar, como los estudiantes en sus relatos[16], la violencia como diversión. Lo cual es preocupante. Tal vez haya que replicarles, siguiendo a Brugger y Schondorf, que, si bien una comunidad humana sin violencia es una utopía, no así lo es una sociedad justa[17].

Esa sociedad (esa escuela) la reclama nuestro mismo ser y es un tema cuya caricaturización no debe ser aplaudida, sino al precio de mostrarse como un desinformado o como tantas veces señala el texto sobre la condición propiciada en el marco de la violencia escolar: la de insensibilidad moral y emocional ante los padecimientos de los demás. Esos son comportamientos que socialmente deberíamos deslegitimar en cuanto sean observados, si bien también deben entenderse empáticamente como frutos no reflexionados de las mismas condiciones sistémicas de violencia.

Pertinencia y relevancia del libro

Una cuestión que me he dado en identificar como fenomenología del extranjero (título tal vez algo pretencioso), le permite a la autora entrar con una vista limpia de prejuicios a los dos centros en que se ocupó por 8 meses (cuatro en cada uno) en un trabajo destacablemente riguroso. Así se nota cómo cada descubrimiento le sorprendió y le afectó con la intensidad con la que ya no la viven los docentes por la referida insensibilización.

En ese sentido, seguimos necesitando «extranjeros» de nuestros distintos ámbitos sociales que nos puedan señalar que el emperador va desnudo. De modo que la observación y las propuestas del texto nacen de una afección ante la problemática de la violencia que le hace más justicia a su gravedad que la de otros que, como yo, sutil e inconscientemente la hemos llegado a normalizar un poco.

En suma, el texto ante el que nos encontramos refleja probablemente el trabajo de campo más importante hecho en torno a la materia en nuestro país. La muestra es muy amplia, la aproximación es precisa y honesta y las respuestas que recibe son consecuencia de una metodología bien cuidada y dan cuenta de modo pertinente de una situación que nos está reclamando ser abordada en sus justas dimensiones.

Conclusión

La violencia en sus distintas manifestaciones y direccionalidades representa uno de los problemas más urgentes y de mayor impacto en las sociedades. En su manifestación en las escuelas, y en concreto en las escuelas públicas de República Dominicana, la violencia se torna a la vez en problemática acuciante y en oportunidad de superación de esta, en su sutileza cultural y establecimiento discreto en la psique y prácticas de los sujetos de la comunidad escolar, quienes pasan a ser objetos por la irreflexión y sometimiento violento en el intento de convivencia escolar.

Ante tal panorama, el libro Estar, ser y convivir en la escuela, se nos presenta como un valioso instrumento de comprensión del fenómeno de la violencia escolar y aporta las bases para inferir los requerimientos para una convivencia armoniosa en esta institución socializadora y creadora de cultura. Estoy convencido de la gran repercusión positiva que puede tener la investigación de Berenice Pacheco-Salazar en dicha dirección. Y espero que el compromiso al que el texto y la realidad que fotografía nos invitan, nos muevan a lograr que, como dijo la autora en una ocasión «ojalá el libro deje de ser relevante» y no describa ya como son las cosas. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias bibliográficas

Berkowitz, Marvin W. Modelo PRIMED para la educación del carácter. Seis principios esenciales para la mejora escolar. Pamplona: EUNSA, 2022.

Berrnal, Aurora, M.Del Carmen González-Torres y Concepción Naval. «La educación del carácter. Perspectivas internacionales». Participación Educativa, n.o 6 (2015): 35-45.

Brugger, Walter; Schöndorf, Harald. Diccionario de filosofía. Barcelona: Herder, 2014.

Lickona, Thomas. Educating for Character. How Our Schools Can

Teach Respect and        Responsibility. New York: Bentam Books, 1991.

Pacheco-Salazar, Berenice. Estar, ser y convivir en la escuela. Santo Domingo: OEI, INTEC e Inafocam, 2019.



[1] Relato de Hans Christian Andersen.

[2] Berenice Pacheco-Salazar, Estar, ser y convivir en la escuela (Santo Domingo: OEI, INTEC e Inafocam, 2019), 37.

[3] Ibid., 32.

[4] Ibid., 332-334.

[5] Ibid., 335-343.

[6] Ibid., 16.

[7] Ibid., 13.

[8] Ibid.

[9] Ibid., 108.

[10] Ibid., 113.

[11] Ibid., 115-118.

[12] Walter Brugger y Harald Schöndorf, Diccionario de filosofía, 2.a ed., s. v.

«violencia».

[13] Thomas Lickona, Educating for Character. How Our Schools Can Teach Respect and Responsibility (New York: Bentam Books, 1991), 6. Y Aurora Berrnal, M.a  Del Carmen González-Torres y Concepción Naval, «La educación del carácter. Perspectivas internacionales», Participación Educativa, n.o 6 (2015): 43.

[14] Marvin W. Berkowitz, Modelo PRIMED para la educación del carácter. Seis principios esenciales para la mejora escolar (Pamplona: EUNSA, 2022), 63-63.

[15] Pacheco-Salazar, Estar…, 227.

[16] Ibid., 204-209.

[17] Diccionario de filosofía, s. v. «violencia», p. 531-532.